La ciencia no termina cuando se publica: reflexiones sobre revistas, métricas y conocimiento

Hoy he tenido la oportunidad de impartir en la Universidad Técnica Particular de Loja de Ecuador, una conferencia sobre una decisión que acompaña a cualquier proceso de investigación y que, sin embargo, no siempre recibe la atención que merece: dónde publicar y cómo difundir los resultados de nuestro trabajo.
La sesión partía de una idea sencilla. La publicación ya no puede entenderse como el punto final de una investigación. Publicar es una parte de un proceso más amplio que incluye hacer visible el conocimiento, conseguir que llegue a las comunidades adecuadas y facilitar que pueda ser utilizado en otros trabajos, en la práctica profesional o en la toma de decisiones.

Dos artículos de calidad semejante pueden tener recorridos muy diferentes. Uno puede integrarse rápidamente en la conversación científica, ser leído, citado y generar nuevas colaboraciones. Otro, por su parte, puede pasar prácticamente inadvertido. La diferencia no siempre está en la calidad del estudio, sino en la revista elegida, la audiencia a la que llega y la facilidad con la que puede encontrarse.
Por eso, elegir una revista no es únicamente una decisión editorial. Es también una decisión estratégica de comunicación científica.

Sísifo y la sensación de empezar siempre de nuevo
Durante la conferencia utilicé la figura mitológica de Sísifo para representar una sensación bastante reconocible en la vida académica -publicar o perecer-. Sísifo estaba condenado a empujar una enorme roca hasta la cima de una montaña. Justo antes de alcanzar su objetivo, la roca volvía a caer y tenía que comenzar de nuevo.
La metáfora resulta especialmente sugerente cuando pensamos en la dinámica de investigar, escribir y publicar. Después de meses, e incluso años, de trabajo, conseguimos terminar un artículo, responder a las revisiones y verlo finalmente publicado. Apenas hemos llegado a la cima cuando aparece la siguiente convocatoria, la próxima acreditación, un nuevo proyecto o la necesidad de preparar otro manuscrito.

La piedra vuelve a estar abajo.
Esta imagen no pretende desanimar ni presentar la investigación como una tarea ardua. Más bien invita a preguntarnos qué sentido damos a ese esfuerzo y qué sistema de incentivos hemos construido alrededor de la publicación científica. Investigar y compartir conocimiento son actividades esenciales, el problema aparece cuando la publicación deja de ser un medio para comunicar resultados y se convierte en una carrera permanente por acumular méritos.
La presión institucional, la competencia por la financiación y la importancia de las publicaciones en los procesos de promoción pueden crear un ciclo difícil de gestionar. La evidencia científica nos dice que esta presión desplaza los incentivos hacia la cantidad, acelera la producción y, en algunos casos, se debilitan los controles que deberían proteger la calidad y la integridad de la ciencia.
La pregunta relevante, por tanto, no es solo cuántas veces somos capaces de empujar la piedra, sino si cada nuevo esfuerzo produce conocimiento riguroso, útil y capaz de llegar a quienes realmente lo necesitan.
Más publicaciones no significan necesariamente mejor ciencia
La literatura científica también describe que una presión institucional moderada por publicar puede estimular la productividad y favorecer la visibilidad de los resultados. Sin embargo, cuando publicar se convierte en el objetivo dominante, puede desplazar otras funciones esenciales de la universidad, como la docencia, la transferencia del conocimiento, la colaboración con el entorno o la propia reflexión necesaria para investigar con rigor.
La evaluación basada casi exclusivamente en el número de artículos, las citas acumuladas o la posición de las revistas también puede generar efectos no deseados. Entre ellos se encuentran la fragmentación de una investigación en varios artículos de alcance reducido, la incorporación de autorías poco justificadas, la elección oportunista de temas o la publicación precipitada de resultados.
En los casos más graves, esta presión puede favorecer malas prácticas, problemas de integridad e incluso la retractación de trabajos.
La conclusión no es que debamos publicar menos por principio. La cuestión es publicar con mayor sentido, responsabilidad y coherencia. La cantidad aporta información, pero no sustituye a la originalidad, el rigor, la relevancia ni la contribución efectiva de una investigación.
De contar publicaciones a comprender las contribuciones
Los sistemas de evaluación de la investigación están evolucionando. Durante mucho tiempo han predominado el número de publicaciones, las citas, el factor de impacto y otros indicadores bibliométricos. La expansión de bases de datos como Scopus y Web of Science permitió comparar revistas, investigadores e instituciones mediante criterios relativamente homogéneos.
Es cierto que estas métricas ofrecen información útil, pero también simplifican una realidad mucho más compleja. Un número no siempre permite conocer si una investigación ha cambiado una práctica profesional, ha mejorado una política pública, ha generado recursos educativos, ha abierto una nueva línea de investigación o ha contribuido a mejorar el contexto o problemas sociales.
Iniciativas como DORA y CoARA proponen avanzar hacia modelos capaces de reconocer la calidad, la colaboración, la ciencia abierta, el impacto social y la diversidad de contribuciones académicas. La propuesta no consiste en dejar de evaluar, sino en evaluar mejor, combinando indicadores cuantitativos, revisión cualitativa y conocimiento del contexto disciplinar.
Este cambio resulta especialmente importante en las humanidades y ciencias sociales, así como en contextos regionales que no siempre están bien representados en los grandes índices internacionales -o sufren una brecha de acceso a los recursos que posibilitan la investigación-. Las lenguas de publicación, los temas relevantes para cada territorio y el valor de los libros, informes u otros formatos pueden quedar desdibujados cuando utilizamos una única métrica para valorar realidades y culturas científicas muy diferentes.
Cada disciplina tiene su propia cultura de publicación
No existe una revista o canal de publicación que sea excelente para todas las áreas. Cada disciplina tiene su historia, sus comunidades de referencia, sus formas de comunicar ciencia y sus propias normas -algunas explícitas y otras aprendidas con la experiencia-.
En determinadas áreas predominan las revistas indexadas en bases de datos internacionales pero, en otras, los congresos o monografías desempeñan un papel central. En humanidades, por ejemplo, siguen teniendo una relevancia especial los libros, las monografías, las obras por compilación.... En educación y ciencias sociales, por su parte, es habitual combinar revistas internacionales con publicaciones locales de prestigio, libros, informes y actividades de transferencia.

Antes de elegir una canal para difundir nuestros resultados de investigación conviene hacerse algunas preguntas:
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¿Qué revistas publican los trabajos más relevantes de mi campo?
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¿Dónde publican las personas investigadoras que constituyen una referencia en mi campo de estudio?
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¿Qué bases de datos se valoran realmente en mi disciplina?
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¿Qué formato resulta más adecuado para la contribución que quiero comunicar?
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¿A qué comunidad necesito llegar?
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¿Busco impacto académico, profesional, educativo, social o una combinación de ellos?
Las respuestas no se encuentran únicamente en los rankings y listados de revistas o libros. También es necesario conversar con colegas, consultar a personal investigador con experiencia y conocer las prácticas de los grupos y redes académicas de nuestra área.
El ajuste temático debe ser el primer filtro
Uno de los principales mensajes de la conferencia fue que al elegir una revista para publicar el prestigio de la misma pierde buena parte de su potencial cuando el manuscrito no encaja en su conversación científica.
El primer criterio debería ser el ajuste, entre el contenido del trabajo y la revista. Para comprobarlo, podemos revisar cuatro aspectos básicos:
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Alcance. ¿El tema y el enfoque del manuscrito aparecen claramente dentro de los objetivos -focus- de la revista?
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Formato. ¿La publicación acepta el tipo de artículo y el diseño de investigación que hemos realizado?
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Audiencia. ¿Quienes leen la revista podrán comprender, utilizar y citar el trabajo?
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Requisitos editoriales. ¿Las normas formales y técnicas pueden cumplirse?
Si este ajuste falla, aumenta el riesgo de recibir un rechazo editorial antes de que el manuscrito llegue a la revisión por pares -desk rejection-. Por tanto, una revista muy prestigiosa, pero alejada de nuestro tema, puede ser una elección mucho menos útil que una publicación especializada leída por la comunidad a la que realmente queremos dirigirnos; ello nos lleva a la conclusión de que una audiencia correcta nos puede aportar más valor que una visibilidad amplia pero poco relacionada con el contenido de nuestro trabajo.
La confianza editorial va más allá del factor de impacto
A la hora de elegir una revista para publicar nuestra investigación, el impacto y la reputación pueden servir como señales iniciales, pero no resumen la calidad de la misma. Debemos también valorar cómo funciona su proceso editorial, si las decisiones son coherentes, si las personas encargadas de la revisión conocen el tema y si los informes recibidos ayudan realmente a mejorar el trabajo.
Una publicación genera confianza cuando explica cómo se realiza la revisión por pares, identifica de manera verificable a su equipo editorial, presenta políticas claras y ofrece evaluaciones rigurosas, pertinentes y constructivas. En cambio, los procesos opacos, las promesas de aceptación garantizada o los plazos incompatibles con una revisión seria deberían despertar nuestra cautela.
Entendemos, por tanto, que la señal más sólida no procede de una métrica aislada -el factor de impacto o posición en un ránking-, sino de la combinación de reputación, transparencia, experiencia editorial y calidad de la revisión que puede ofrecer un proyecto editorial
El tiempo, el riesgo y el coste también cuentan
Aunque una revista presente un buen encaje temático, la elección que tomemos para enviar nuestro trabajo debe analizarse desde su viabilidad. Los tiempos de revisión y publicación, la posibilidad de rechazo editorial, los costes asociados -APC- y las condiciones de acceso abierto al publicación final pueden cambiar cuál es la opción más razonable.
Una revista más prestigiosa no es necesariamente más rápida ni más lenta pero si hemos hecho mucho hincapié en los diferentes modelos de publicación en abierto. Las revistas de acceso abierto diamond no cobran por leer ni por publicar. Las revistas gold ofrecen acceso abierto desde el momento de la publicación, aunque pueden aplicar cargos por procesamiento del artículo -APC-. Los modelos híbridos, por su parte, permiten abrir determinados artículos dentro de revistas de suscripción -mediante APCs-. La vía green consiste en depositar -antes, durante o depués del envio y/ aceptación/publicación de un trabajo- una versión del mismo en un repositorio, de acuerdo con las políticas establecidas por la publicación.
Más allá de la etiqueta utilizada, conviene comprobar siempre:
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Si existen cargos por publicación.
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Qué licencia se aplicará al artículo.
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Qué derechos conserva el/los autor/es.
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Si hay posibilidades de exención del APC.
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Qué versión puede depositarse en un repositorio.
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Quién sostiene y gobierna la infraestructura editorial.
Por su parte, nuestro contexto también modifica nuestras prioridades. La disciplina, la región, la etapa profesional en la que nos encontramos, la financiación disponible y los sistemas de evaluación institucional influyen en la toma de de decisiones. Una misma revista puede ser una opción adecuada para un trabajo y poco conveniente para otro.
Una secuencia sencilla para elegir mejor
La selección de una revista puede organizarse mediante cinco pasos:
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Comprobar el ajuste: alcance, formato y audiencia.
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Evaluar la confianza: revisión por pares, reputación, equipo editorial y transparencia.
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Analizar la viabilidad: tiempos, costes y riesgo de rechazo.
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Revisar las condiciones de acceso: cargos, exenciones, licencias y derechos.
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Verificar la legitimidad: indexación, políticas, tarifas e información editorial.
Las herramientas de journal matching pueden ser útiles para elaborar una primera lista de opciones. Sin embargo, no deberían tomar la decisión por nosotros, dado que su función es ayudar a descubrir revistas que quizá no conocíamos pero, después, deberemos consultar las páginas oficiales, leer sus objetivos y alcance, revisar artículos recientes y comprobar sus políticas editoriales. 
Las métricas necesitan contexto
Como comentábamos al principio de la conferencia, las citas, el índice h, los percentiles y los cuartiles aportan información, pero deben interpretarse dentro del contexto de cada disciplina.
No tiene sentido comparar directamente valores brutos de áreas con ritmos de publicación y citación diferentes. Un indicador considerado elevado en una disciplina puede ser habitual o excepcional en otra.
El JIF, el JCI, CiteScore, SJR y SNIP responden a metodologías distintas. Algunos calculan promedios de citas, otros ponderan el prestigio de las fuentes que citan y otros intentan corregir las diferencias entre campos. Del mismo modo, podemos encontrar indicadores relacionados con la lectura, las menciones, la atención pública o la utilización social de los resultados de nuestra investigación.
Todos ellos, desde nuestra opinión, pueden enriquecer la evaluación, pero ninguno sustituye la lectura y la valoración cualitativa del trabajo y su aportación.
Los catálogos, sellos y listados disciplinares tampoco cumplen la misma función. Estar incluido en un directorio, disponer de un sello de calidad y ocupar una posición en una clasificación son cuestiones diferentes y, por ello, antes de utilizar cualquiera de estas fuentes conviene comprobar su vigencia, su cobertura y su finalidad.
Ciencia abierta significa algo más que acceso gratuito
Otro de los temas abordados en la conferencia ha sido el modelo de ciencia abierta que, como sabemos, no afecta únicamente a los artículos. Cuando nos referimos a la ciencia abierta también hacemos referencia a los datos de nuestra investigación, los métodos, los materiales y las condiciones que permiten comprender y reutilizar los resultados.
Los principios FAIR establecen que los datos deberían ser localizables, accesibles bajo condiciones claramente descritas, interoperables y reutilizables.
Sin embargo, unos datos FAIR no tienen por qué estar disponibles sin ninguna restricción. Los datos sensibles pueden estar bien documentados, contar con identificadores persistentes y utilizar formatos adecuados, aunque su consulta requiera autorización.
La idea puede resumirse en una regla prudente: tan abiertos como sea posible y tan cerrados como sea necesario.
Sin embargo, sea como fuere, describir adecuadamente nuestro plan de datos y políticas de acceso a los datos genera confianza en los editores de revistas y supone una estrategia útil que puede máximizar las probabilidades de publicación.
Cómo detectar revistas y congresos depredadores
La presión por publicar ha favorecido la aparición de organizaciones que imitan la comunicación científica, pero no proporcionan servicios editoriales reales.
No existe una única señal que permita identificar automáticamente una revista depredadora, lo importante es observar si aparece un patrón de opacidad, captación agresiva y ausencia de controles éticos y de calidad.
Algunas señales de alerta son:
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Procesos de revisión poco claros o aceptación garantizada.
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Equipos editoriales que no pueden verificarse.
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Correos masivos ajenos a la especialidad de quien los recibe.
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Nombres o páginas que imitan publicaciones reconocidas.
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Indexaciones que no aparecen en las bases de datos originales.
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Métricas desconocidas o sin una metodología verificable.
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Costes ocultos o comunicados después de la aceptación.
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Ausencia de políticas de ética, licencias, correcciones, retractaciones o preservación.
Cabe resaltar que cobrar por publicar no convierte una revista en depredadora. Los cargos pueden ser legítimos cuando se comunican con transparencia y se corresponden con servicios editoriales reales y el modelo de negocio de la publicación. El problema aparece cuando el pago sustituye a la revisión, la edición y la preservación del trabajo.
Por su parte, los congresos depredadores utilizan estrategias similares: programas excesivamente amplios, eventos organizados en serie, ponentes difíciles de comprobar, patrocinios falsos, sedes ambiguas o sistemas de pago poco fiables. Antes de inscribirse, conviene verificar la organización, la sede, el programa, las personas participantes y las entidades colaboradoras en fuentes independientes.
Publicar, divulgar, compartir y construir comunidad
En la última parte de la conferencia hacemos hincapié en que la comunicación científica no termina con la aceptación y publicación de un trabajo..
Podemos -debemos- divulgar nuestros resultados, compartir datos o software, depositar trabajos en repositorios y construir una identidad académica coherente a través de perfiles institucionales, nuestro ORCID, o redes académicas y páginas personales.

Diversificar los canales de difusión no significa dispersarse. Todos ellos deberían responder a una pregunta común:¿a quién queremos que llegue nuestro conocimiento y para qué queremos que pueda utilizarse?
Publicar bien exige combinar encaje temático, audiencia, rigor editorial, viabilidad, transparencia y responsabilidad. Ninguna métrica aislada sustituye esa valoración pero también es aconsejable mantener una segunda opción preparada, porque una estrategia científica sólida no debería depender de una única revista ni de un único indicador.
La conversación mantenida en Loja confirma la necesidad de seguir construyendo culturas académicas en las que publicar no consista simplemente en acumular resultados. Se trata de comunicar conocimiento útil y fiable, capaz de generar nuevas preguntas, abrir conversaciones y contribuir a comprender mejor los problemas que investigamos.
Quizá no podamos evitar por completo la sensación de volver a empujar la piedra. Pero sí podemos decidir por qué la empujamos, hacia dónde y con quién merece la pena compartir el camino.
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